Fotos de Canelones
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Alquien dijo una vez: Viajar a Uruguay y no visitar y conocer Canelones, es como si no se hubiera estado en el país. Y fundamentaba su aseveración en el hecho de que el territorio de este departamento, ofrece (como pocos, quizás el único) una geografía física y social totalmente cambiante de un punto a otro dentro de sus fronteras, conformando un crisol de culturas, muy difícil de definir. Y de ese crisol ha surgido la imágen del "criollo" apegado a la tierra, luchador constante, hijo o nieto de inmigrantes, más allá de regionalismos se identifica con una misma y aglutinante filosofía: el trabajo. Ese Canelones del terrón, el tamango y el arado, convive hoy armoniosamente con el "otro" Canelones, el de la Costa de Oro, de la arena, el río, los pinares y eucaliptos, y la explosión demográfica impredecible.
Visitar Canelones (haciendo caso a la referencia inicial) es ¿por que no?, visitar el país.

        

     

La Capital

Guadalupe (hoy Canelones) nació como un simple conglomerado de casitas campesinas de barro, piedra y tejas con candiles y faroles, ventanas enrejadas donde abundan las serenatas y los jardines de principios de siglo, con higueras, guayabos, tomillos, rosas y alelíes.
Desde las que fueron fangosas riberas del Canelón Chico, hoy convertidas en prados, caseríos y centros deportivos, hasta las calles centrales (algunas de ellas aún adoquinadas) el progreso se ha ido ganando lentamente en el paisaje urbano.
Hay mucho para ver y recorrer en sus calles, la plaza 18 de Julio que no ha perdido su encanto de aldea, la antigua Iglesia, el Parque Artigas, el Teatro Politreama, el parque municipal, el estadio donde el fútbol, con su pasión convoca multitudes, el edificio de la Intendencia Municipal, el antiguo Hospital, pero por sobre todo, sigue manteniéndose el encanto de su autenticidad, y aún es posible ver algún cartel en la puerta de un ban anunciando como "plato del día" algún "Sopón", exquisitez que no existe en los diccionarios gastronómicos del resto del territorio, porque es parte de la dieta regional. Como el orgullo por sus salchichones criollos, por sus vinos y por tantas costumbres que identifican al hombre de Canelones como a su pueblo mismo.

    

Lo Rural y lo Industrial

Toda la geografía de Canelones está salpicada de pequeños pueblos y ciudades, rodeadas de chacras, quintas y explotaciones industriales generalmente afines a la agropecuaria y entre ellas grandes conglomerados urbanos como la ciudad de Las Piedras (la segunda en población del País) o la ciudad de Pando, que aunque parecieranestar en las antípodas geográficamente son parte de una misma realidad. Cada una de ellas tiene encantos y suficiente historia como para llenar varios tomos de reseña. Año a año, el proceso en las comunicaciones ha ido "acercando" las distancias e integrando al departamento en una misma realidad.
Sin embargo, una y otra ciudad, uno y otro pueblo, mantienen el milagro de su identidad y su costumbrismo regional.

   

   

Aguas Corrientes

En la localidad de Aguas Corrientes se encuentra la vieja usina potabilizadora de agua, a muy poca distancia de Santa Lucía. Hoy es utilizadea la antigua estación de OSE como balneario por los habitantes de los parajes cercanos y muchos otros de más lejos que llegan hasta allí a disfrutar de su encanto. El Río a esta altura es muy angosto y con abundante vegetación. Se lo puede cruzar en aerocarril o por lo contrario es posible alquilar una canoa y atravesar con ella el Santa Lucía. Los amantes de la pesca pueden también encontrar allí un excelente punto de encuentro. 

   
    

Santa Lucía

Es una pequeña ciudad más que centenaria, que supo ser no hace más de tres décadas o cuatro, el lugar elegido por miles de montevideanos que llegaban los fines de semana en ferrocarril hasta ella, para disfrutar del encanto de su parque que se extiende a lo largo de la costa del Río que le dá nombre a la ciudad.
Asimismo, en los primeros años del siglo, fue también el lugar elegido por la alta sociedad para edificar allífastuosas casas quinta, testimonios de las cuales aún quedan algunos vestigios.
Entre ellos se destaca la "Quinta de Capurro", que fuera propiedad de la familia de tal apellido y entre los lugareños se recuerda que en la misma estuvo José Pedro Varela, convaleciente de una enfermedad que lo aquejaba buscando en el aire purificador de la zona su reconstitución. Aún queda allí como testimonio de aquel hecho un antiguo sillón donde el reformador de la escuela pública solía reposar.
Otro testimonio imprescindible del lugar es el Hotel Biltmore, fundado en 1872, donde dícese que actuó CArlos Gardel en uno de sus pasajes por el país.

   

        

Parador Tajes

Es un lugar con una belleza muy especial y con muucha historia atada a sus orígenes. La antigua casona que fuera del General Máximo Tajes se encuentra aún rodeada de rejas en forma de lanzas en riestre, símbolo de una época en la que esos contornos eran prácticamente una primera línea de defensa en tiempos difíciles. Hay un gran mirador frente a la isla de Bartolomé el Francés, y un muy reducido embarcadero al que se le llama "Puerto Jackson".

    
   

La Costa de Oro

Entre el límite departamental de Montevideo y el arroyo Pando (km. 30.500) encontrará el viajero una sucesión de balnearios entre los que se encuentran Shangrilá, San José de Carrasco, Lagomar, El Bosque, Solymar, Parque Lomas, Médanos de Solymar y El Pinar, los que conforman una collar de belleza natural y desarrollo con la virtud de encontrarse a muy pocos minutos del centro urbano de la capital del país.
Una faja costera donde las playas presentan condiciones inmejorables para las actividades náuticas de todo tipo, coronadaas luego de los medanales por pinares y montes de eucaliptus que le aportan su mayor característica.
A un paso del Aeropuerto Internacional de Carrasco, a menos de 30km de Atlántida con lagos ideales para el wind surf y la moto náutica, con un Club hípico de formidables instalaciones y el emplazamiento del autódromo Borrat Fabini, esta zona completa un mapa de condiciones naturales y servicios que la hace absolutamente diferente.

        

     

Neptunia, Pinamar, Salinas y Marindia

Compartiendo la orilla Este del Arroyo Pando, estos balnearios han ido tornando paulatinamente más agreste su perfil, sin prescindir en absoluto de la mayor gama de servicios comerciales, policlínicos y recreativos.
El Encanto de una orilla desolada se reproduce calles arriba del mar en construcciones y bosques que armonizan con la paz del lugar.

      
   

Hasta el límite de Maldonado

Guazubirá, San Luis, Los Titanes, La Tuna, Araminda, Santa Lucía del Este, Cuchilla Alta, Santa Ana, Balneario Argentino, y Jaureguiberry, son los balnearios que desde Costa Azul hasta el arroyo Solís, culminan el cinturón costero de Canelones.
Predomina en la mauoría de ellos, una mezcla de zona balnearia con establecimiento rural, pequeñas poblaciones residentes permanentes, y un encanto casi bucólico en todo el entorno. 
Grandes acantilados, pesqueros excelentes, aguas generalmente mansas, conforman un espectro para una oferta distinta en lo que tiene que ver con la posibilidad del descanso y la recreación. Zonas con grandes parques forestados apisonando las dunas, con eucaliptos y pinares, y, por sobre todas las cosas, sin el ajetreo de las zonas que integran los circuitos clásicos del turismo.

   

   

Atlántida y sus Playas

Atlántida parece al viajero un lugar escapado de algún cuento.
Porque está en medio de un bosque, porque fue uno de los primeros balnearios de la Costa de Oro y todavía hoy conserva sus antiguas y pintorescas casas frente al mar, porque ubicarse a mirar el atardecer desde los barrancos de la Playa Mansa es sencillamente impresionante y además la ciudad toda está llena de cosas para ver y disfrutar.
Domina vigilante hacia el Este y el Oeste, precedida por majestuosos acantilados que la distinguen, esta perla costanera sabe ofrecer el romanticismo de lsus estilos arquitectónicos ancestrales bosques y hondonadas, una faja de arena ancha e inmaculada y el encanto descontraído de una ciudad balnearia en movimiento.
En Atlántida se multiplican las opciones de hospedaje y vivienda frente al mar, casas, jardindes, chalets magníficos con estupendas barbacoas y, por sobre todo, la amabilidad de su gente.

     
    

El Fortín de Santa Rosa

Más allá del Aguila a la altura del km. 42 de la Ruta Interbalnearia, sobre la costa se halla el encantador Fortín de Santa Rosa.
Es un antiguo edificio neocolonial con un sabor tradicional muy peculiar, ya que el mismo posée un parque y una playa prácticamente privados.
Llama la atención su patio central embaldosado, su mirador, sus cañones y la cuidadosa decoración de sus ambientes.

        

     

Parque del Plata
El tramo central de la Costa de Oro termina en Parque del Plata.
Enmarcado por el arroyo Solís Chico hacia el Este, el balneario presenta una playa de más de 3 Kms. de extensión.
El conjunto de playas y aroyos vuelve a ofrecer al turista una inmejorable condición de esparcimiento.
Las posibilidades para la pesca y las actividades náuticas se ven como inmejorables.
Parque del Plata cuenta con un Club Social y Deportivo de envergadura, sala cinematográfica, canchas de bowling y una avenida central que alcanza en la noche su mayor esplendor.

      
   

La Floresta y Costa Azul
Estos balnearios logran aportar al conjunto costero canario un semblante más despejado, donde la vista se pierde en achísimas ensenadas, horizontes crepusculares o amaneceres marinos solamente tocados por el silencio.
Poblados de hermosos lugares para caminar, esparcirse, leer, vivir a pleno en contacto con la naturaleza en un medio absolutamente descontaminado.

   

   

El Aguila
Un paseo excelente puede ser una caminata hasta la misteriosa Casa del Aguila. Esta mítica construcción cuyo nombre original era "La Quimera" fue el resultado de una excéntrica idea del millonario Michelizzi que quizo construir una casa con forma de cabeza de pájaro para pensar y leer.
La casa estaba adornada por dentro con unos motivos marinos y rodeada de jardines. Pero con la temprana muerte de su dueño y con el paso del tiempo, comenzó su abandono y proliferaron las leyendas. Incluso se llegó a filmar una película aquí, donde se le atribuían a la Casa del Aguila poderes misteriosos.

   
   

La Iglesia de Eladio Dieste
Está situada junto a la estación de Atlántida y forma parte del patrimonio histórico nacional. Construída por el famoso ingeniero Dieste, la Iglesia de la Atlántida está hecha enteramente en ladrillo con paredes curvas y techos abovedados. Una réplica réplica exacta de esta iglesia se construyó en la ciudad de Madrid.

        

   

Caminar por la Rambla

Caminar al atardecer por la rambla es un ritual que en Atlántida todo el mundo cualquiera sea su edad, no deja de practicar casi religiosamente. La puesta del sol, las bicicletas, la original silueta del edificio de "El Planeta", los pins que surgen entre los barrancos son un paisaje natural y humano muy disfrutable que vale la pena recorrer. Desde el Arroyo Solís Chico, hasta Villa Argentina, el caminante puede avanzar entre la presencia del mar por un costado y el verde intenso de los árboles y los jardines por el otro. Al terminar la rambla, ya en Villa Argentina, las casas construidas sobre extraños barrancos muestran una llamativa arquitectura.
Bellísimas resultan también las cañas de tacuara silvestres en que termina este paseo, antes de llegar a El Aguila.