El Departamento de Montevideo ocupa apenas el 0,3% del total del territorio nacional, pero alberga a más del 45% de la población total del país. 
La ciudad puerto capital, su pintoresco cinturón costero y su zona rural pletórica de chacras, quintas y viñedos, conforman una propuesta de paisajes cambiantes, donde la historia convive en perfecta armonía con el modernismo, dejándose espacio aún para proponer áreas protegidas de reservas de flora y fauna, infinidad de zonas verdes que son el pulmón oxigenante de la ciudad y polos industriales con algunas chimeneas aún sobrevivientes tras una reconversión económica que sin embargo ha dejado sus huellas indelebles en el perfil social.

        

     

La Costa

El Río de la Plata luce distinto periódicamente; a veces río y a veces mar, según su salinidad y su enojo.
Pero cuando se recuesta sobre el departamento de Montevideo, su belleza es incomparable, al alternarse apacibles ensenadas de blancas arenas, con puntas rocosas que penetran en las aguas para resurgir a veces en pequeños islotes.
Tiene el privilegio de guardar en su seno una reconocida riqueza ictiológica, que disfrutan los montevideanos aficionados a la pesca los fines de semana, conformando uno de los paisajes típicos de la ciudad.
La capital nació mirando hacia el norte, cuando descubrió su litoral y se transformó en ciudad balneario hubo necesidad de conectar las playas y las residencias de verano con el centro a través de una vía costanera. La Rambla hoy serpentea orgullosa sobre la ribera del Río, con tramos rectos y curvos, acompañando la geografía y ofreciendo variedad de imágenes provenientes tanto del entorno natural como de su propia concepción formal, como también de la calificada arquitectura que la bordea de frente al sur.
Es uno de los paseos ciudadanos preferidos y un itinerario insustituíble para el turista.

    

El Cinturón Rural

Montevideo Rural es un cinturón verde que abarca un 64% del área departamental. Ocupa apenas una milésima parte de la superficie agropecuaria del país.
L aproducción está especializada en rubros intensivos: hortalizas y frutas, flores, viñedos y animales de granja. Más de la mitad del consumo nacional de hortalizas de hoja (lechuga, acelga y espinaca), más de la cuarta parte de manzanas, duraznos, peras y ciruelas y porcentajes importantes de la producción de limones, uvas y tomates, provienen de las granjas de Montevideo.
Esto es posible gracias al trabajo de las familias granjeras en pequeños predios de 10 hectáreas en promedio, comparados con las 290 hectáreas promedio del resto de los establecimientos agropecuarios del país.

   

   

Los Humedales

La zona de los Humedales del bajo Santa Lucía, constituye un ecosistema compartido por los departamentos de San José, Canelones y Montevideo. La superficie aproximada del humedal es de 25.000 hectáreas, estando la mayor parte de ellas en San José y Canelones, correspondiéndole a Montevideo la décima parte del total. Es muy importante el hecho de que se trata de un humedal salino o marisma. El régimen de inundación depende de los vientos del sureste, que empujan las aguas del Océano Atlántico al Río de la Plata y a través del mismo, aquellas ingresan al Río Santa Lucía en su desembocadura, y arroyos y cañadas afluentes se retiran y dejan depositada la sal del agua oceánica.
El ambiente creado permite la existencia de una gran diversidad de especies animales y florales, destacándose en San José, sobre la Playa Penino, una importante estación de aves migratorias. Sobre la costa del Arroyo Melilla, existe un monte indígena el cual es el último reducto de nuestra flora en la ciudad de Montevideo. Los predio próximos a Santiago Vázquez, que incluyen los arroyos San Gregorio de la Tortuga y la Cañada del Peral, tienen una superficie de 1000 hectáreas.

   
    

Parques y Plazas

En una primera visión de Montevideo se percibe una evidente intención ecologista en su concepción urbana, materializada en los más de 150.000 árboles plantados en sus aceras y enlas 2000 hectáreas de plazas y parques, testimonio del legado de notorios paisajistas franceses que un siglo atrás estuvieron al servicio de los gobiernos locales para lograr este particular equilibrio entre naturaleza y civilización, que se ha mantenido e incrementado con el tiempo y las sucesivas administraciones comunales.
La Plaza Zabala, obra del arquitecto André (1890) y bautizada en memoria del fundador de la Ciudad, don Bruno Mauricio de Zabala. En el predio de lo que fuera el "viejo fuerte", presenta un espacio intimista, con una rica arboleda casi centenaria, y está circundada por esplendorosos y antíguos edificios como la casa de M. Sáenz de Zumarán (donde funciona el Discount Bank), el Palacio Taranco, una casa esquina sobre la calle Washington y otro edificio sobre Alzáibar, además de otros antíguos caserones que, serán sin duda reciclados para recuperar el perfil exacto del lugar. Bancos confidentes, faroles de luces apaciguadas, casi cómplices de encuentros e intimidades coloquiales, y espacios para la recreación de los más pequeños. Para afianzar su peculiar estilo, la bordea una rotonda llamada Circunvalación Durango, la cual es la única vía de tránsito en el país que debe transitarse por la izquierda.
En pleno centro de la ciudad se encuentra la Plaza Cagancha, también llamada "Libertad", ambos nombres provienen del hecho acaecido en 1839, la Batalla de Cagancha, en donde Rivera venció a las fuerzás de Echagüe.
Característica por su forma octogonal y por ser atravesada por la Avenida 18 de Julio. 
En su centro se eleva la Columna de la Paz, inaugurada en 1867, a los 37 años de haber sido creada la plaza. La columna exhibe en su cúspide una figura femenina en bronce, obra del escultor italiano José Livi, con una bandera en una mano y una espada en la otra. En el año 1887 la espada fue reemplazada por una cadena rota, transformándose entónces en un símbolo de la libertad, razón por la cual muchos lugareños suelen llamarla "Plaza Libertad".
En la acera sur, sobre el pasaje de "Los Derechos Humanos", se encuentra el ex Palacio Piria, obra del arquitecto francés Camilo Gardelle, declarado Monumento Histórico desde 1975, Allí es hoy la sede de la Suprema Corte de Justicia.
En la acera Norte, donde nace la Avenida Rondeau, se encuentra el edificio del Ateneo de Montevideo, obra del Arquitecto J. M. Claret, que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1925, y que acaba de cumplir sus jóvenes 136 años de construído. Allí desde siempre el lugar ha sido escenario de diversas actividades culturales y han transitado por él ilustres generaciones de compatriotas que encontraron en sus enormes salones, la tribuna donde manifestar sus opiniones y divulgar sus inquietudes intelectuales.
La Plaza Cagancha ha sido remozada, sin afectar en absoluto su perfil histórico, revalorizando cada uno de sus espacios y su paisaje.
Muy cerca de ella, en la Avenida 18 de julio entre Julio Herrera y Obes y Río Negro, se encuentra la Plaza Ingeniero Juan P. Fabini, que los montevideanos llaman familiarmente "del Entrevero", en alusión al monumento ubicado en el centro de la misma que recuerda a los héroes anónimos de las batallas cuerpo a cuerpo en el siglo XIX por nuestra independencia, a lanza y sable, obra del escultor uruguayo José Belloni. Fue inaugurada hace apenas 37 años, en 1967, y hasta entónces allí se encontraba un lugar conocido como la "Diagonal Agraciada", ya que desde allí nace la hoy Avenida del Libertador (entónces Av. Agraciada), que con un tramo lineal pero con ondulaciones armónicas, permite observar una perspectiva impresionante de la arteria de referencia con el Palacio Legislativo y su imponente arquitectura como telón en el horizonte. En ella está emplazado el Subte Municipal, lugar permanente de exposiciones. A su frente, en lo que fuera la vieja sala del Cine Rex, la "Sala Zitarrosa", donde artistas nacionales y extrangeros cuentan con un espacio más que importante para su difusión y crecimiento.

   

        

Los Parques

Montevideo es una ciudad favorecida por la naturaleza, con infinidad de espacios verdes armoniosamente distribuidos a lo largo y ancho de toda su geografía. Sus parques por lo tanto tienen un particularísimo encanto.
Los más tradicionales son el viejo Parque Urbano, hoy Parque Rodó, que puede ubicarse en Boulevard Artigas y 21 de Setiembre, pero que se extiende por varias hectáreas hasta la Rambla frente a la playa Ramirez. Lagos, arboledas, canteras de piedra, solares enjardinados, espacios para recreación, y un parque de diversiones que ha sido durante varias generaciones el epicentro de la fantasía y la recreación de los montevideanos.
El Prado es también un lugar privilegiado. En Avenida Buchental y Lucas Obes, ocupa los antiguos terrenos de Buchental que en el siglo XIX reunió a miles de especies de todo el mundo, constituyendo allí un pequeño paraíso vegetal. 
En él se encuentra además la Rosaleda, un sitio donde proliferan cientos de especies de rosas, y que constituye en tiempos de floración uno de los más hermosos rincones de la ciudad.
El Parque Rivera, ubicado en Avenida Italia y Felipe Cardozo, fue conocido durante mucho tiempo como el Parque Durandeau, y aún algunos montevideanos entrados en años suelen llamarlo así.
Cuenta con aproximadamente unas 40 hectáreas y en ellas hay plantados miles de eucaliptus y otras especies, una caminería sinuosa por su interior y un gran lago donde muchas aves acuáticas han hecho su refugio. Hay juegos recreativos para niños y muchos espacio para el solaz y el deporte al aire libre.

    
   

Compras

Montevideo brinda un amplio abanico de posibilidades, desde la Avenida 18 de Julio, eje de la zona céntrica, hasta los shoppings, Montevideo Shopping, Punta Carretas, Portones y Tres Cruces. En todos ellos se han instalado destacadas firmas comerciales y las marcas de mayor prestigio ofrecen artículos de alta calidad en ropa, calzado electrónica, perfumería, joyería, regalos y souvenirs.
Las ferias sabatinas y dominicales, son punto de importante atracción turística. En un entorno de fiesta de la cultura popular, permiten adquirir desde productos naturales hasta objetos de la más variada índole.
La feria de Tristán Narvaja (los Domingos), asombra por su magnitud e insólita diversidad. Al colorido y aroma de las flores, frutas y verduras, se le suman artículos para coleccionistas, antigüedades, libros, herramientas, artesanías y objetos curiosos que superan cualquier espectativa del visitante.
Otras ferias como la de Villa Biarritz (sábados) y Parque Rodó (domingos), ofrecen principalmente artículos de vestir y artesanías.
Desde la época colonial se elaboran artesanalmente objetos utilitarios, haciendo uso de los materiales naturales disponibles: cuero, lana, guampa, hueso, madera y calabaza. Es pues de destacar, la importancia del cuero en nuestra cultura desde la introducción del ganado por parte de Hernandarias, a principios del siglo XVII.
Esto influyó en lo hábitos de los indígenas y luego en los de Colonos y Gauchos.
Botas, camperas, sacos y otras prendas de cuero, son hoy remoniscencias del vestir de aquellos tiempos. Espléndidos trabajos en tiento o cuero finamente entretejidos en aperos criollos, cintos y llaveros completan la amplia gama de estas artesanías.
Uruguay ha sido además, tradicionalmente, un importante productor de lanas; es posible hayar mantas, ponchos, ruanas, abrigos de punto, jergas para caballos y tapices, todo lo que muestra un gran dominio del color y las texturas de los trabajos con lana.
La tradición gaucha de tomar mate, heredada de los guaraníes, se mantiene firmemente hasta nuestros días. El mate se convirtió así, desde entónces, en original artesanía con muchas posibilidades decorativas.
Destacada importancia adquieren los trabajos en cerámicas y en piedras semipreciosas típicas del norte del país: ágatas, amatistas, cuarzos, etc., que conforman en su conjunto una excelente variedad de nuestra artesanía popular.
Las casas de remates son también un interesante lugar para la adquisición de los objetos más insólitos, tanto cotizadas obras pictóricas como valiosas joyas, requeridas antigüedades y utensillos típicos del pasado montevideano.

        

     

El Fútbol

Cuando los "ingleses locos", como los calificaba el vulgo de la época, trajeron esta sorprendente forma de esparcimiento como lo es el football (luego castellanizado como "fútbol") a estas tierras, la misma fue rápidamentente adoptada por los anfitriones.
El fútbol, primero asumido por las elites cultas, se democratiza rápidamente y se transforma en un fenómeno popular mucho antes que en otras regiones del mundo, incluso de la propia Europa. Paralelamente, los montevideanos como ciudadanos lucidos, emprendedores de adelantada cultura cívica, generaron un particular, profuso y extendido movimiento "clubístico" sin parangón en el mundo.
Estos hechos explican los asombrosos éxitos internacionales de Uruguay en la primer mitad del siglo XX en fútbol y otros deportes, en los que hubo un decisivo protagonismo montevideano.
Si bien con el crecimiento de la ciudad han desaparecido muchos "campitos", cuna informal del fútbol, no sorprenderá al visitante encontrarse con la práctica espontánea de este deporte en los más diversos rincones de la ciudad. 
Una visita Imperdible es el Estadio Centenario, donde se desarrollara el primer Campeonato Mundial de Fútbol, en 1930, y que fuera declarado por FIFA Monumento Histórico del Fútbol.

      
   

Montevideo y su Cultura

Montevideo es una jóven capital americana, cuyo breve pasado determinó en buena medida su rápido acceso a la modernización.
Fueron decisivas en este proceso, las transformaciones suscitadas en la educación en el último cuarto del siglo XIX. 
Varela desde la escuela pública, laica y gratuíta, y Vázquez Acevedo desde su rectorado universitario positivista, dieron lugar a un sistema educativo igualitario, antidogmático, abierto a la ciencia, fiel reflejo del pensamiento liberal de la intelectualidad patricia de la época.
Ciudad-puerto, recibirá influjos culturales de distintas procedencias con el aluvión inmigratorio y desde ese cosmopolitismo, acriollado tanto en calles como en aulas, se irá forjando la identidad nacional con un perfil cultural propio.
La profusa estaruaria de sus plazas y parques, las realizaciones de la plástica en general y de la pintura en particular, expuestas en museos y galerías de arte, permiten recorrer la creación artística desde el academismo al pos modernismo, con obras de valor universal.
L acultura del montevideano se refleja también en el señorío de la Comedia Nacional y en la vitalidad y ubicuidad del teatro independiente.
Está asimismo plasmada en la obra prolífica y brillante de sus escritores, erigidos en muchos casos en guías espirituales de las juventudes de América.
La importante cantidad de librerías y bibliotecas generales y especializadas, así como la clásica comercialización de libros usados, con casas convertidas en pintorescos museos del libro, registran la avidez lectora de los montevideanos.
En los últimos años, más de mil artículos de científicos uruguayos han sido publicados en las grandes revistas y publicaciones de alcance mundial. Y muchos investigadores nacionales han obtenido importantes premios y distinciones nacionales, por sus trabajos realizados en nuestro país.
La afinidad de Montevideo con el universo cultural ha promovido a la capital en centro regional y continental de importantes encuentros de ciencia y arte.
Existen organismos públicos que a tales efectos han incorporado excelentes salas de convenciones, a las que actualmente se han agregado similares de los grandes hoteles, con intensa actividad durante todo el año.

   

   

Cafés y Boliches

El consumo de esa obscura bebida de origen árabe-africano denominada "café" tiene unos cuantos siglos de edad. Pero fue en el siglo XIX que fueron surgiendo en europa sitios de expendio de dicha bebida, reuniendo además, algunas particularidades al consolidarse como centros de reunión de los ciudadanos con afición a las artes y a las letras.
Esta peculiar institución se difundió en todo el mundo occidental, llegando a Montevideo donde se consolidó en la segunda mitad del siglo XIX.
En su desarrollo en estas tierras se fueron perfilando dos tipologías. Los "boliches" de la periferia, herederos de las "pulperías", espacio solidario donde se transmitían valores de formación en generación y fueron verdaderos centros comunales de los barrios.
Fueron la cuna de los clubes deportivos, de los "clubes políticos de seccional" de los tablados, de los corsos vecinales y de casi todos los emprendimientos barriales.

Eran y todavía son, el lugar de encuentro y esparcimiento de los clubes populares donde concuerren con la complicidad del infaltable propietario del billar. Con el truco, el tute, el tresillo, etc, según sean las raíces migratorias predominantes de los parroquianos.

La alternativa culta, afrancesada y céntrica fue el café de los intelectuales, que con su atmósfera mágica, libresca, congregó a la gente de las más heterogéneas ramas del sabor en tertulias y veladas que se renovaban día a día. Paulatinamente, con el tiempo, muchos de estos templos legendarios de la bohemia montevideana, fueron desapareciendo. Aún se mantienen unos pocos adaptados al nuevo milenio.

     

Caminar por la Rambla

Caminar al atardecer por la rambla es un ritual que en Atlántida todo el mundo cualquiera sea su edad, no deja de practicar casi religiosamente. La puesta del sol, las bicicletas, la original silueta del edificio de "El Planeta", los pins que surgen entre los barrancos son un paisaje natural y humano muy disfrutable que vale la pena recorrer. Desde el Arroyo Solís Chico, hasta Villa Argentina, el caminante puede avanzar entre la presencia del mar por un costado y el verde intenso de los árboles y los jardines por el otro. Al terminar la rambla, ya en Villa Argentina, las casas construidas sobre extraños barrancos muestran una llamativa arquitectura.
Bellísimas resultan también las cañas de tacuara silvestres en que termina este paseo, antes de llegar a El Aguila.

        

 

Gastronomía
La cocina montevideana es un claro ejemplo del sincretismo cultural. Del encuentro de pueblos con rica herencia gastronómica asentados en una región esencialmente ganadera donde la carne es el elemento primordial de la dieta.
La "parrillada" es el plato nacional y consiste en un corte típico de exquisita carne de novillo cocinado a las brasas, junto a las clásicas "achuras" y a los embutidos de inspiración latina.
La gran mayoría de los restaurantes locales tiene hoy incorporada una parrila, a fin de satisfacer todos los paladares.

Tanto en el área céntrica como en la periferia, hay refugios para los menúes populares, donde las minutas alternan con guisados y hervidos de orígen hispánico y gustosas pastas en el mejor estilo italiano.
Claro que el arte culinario montevideano trasciende de la ortodoxia carnívora y deja un amplio espacio para los cultores del pescado, por cuanto no debe olvidarse que el mar territorial uruguayo está integrado a una de las reservas ictiológicas más importantes del mundo.

Algunos Cheffs hacen maravillas con los productos del mar, con platos gallegos y vascos y de la cocina internacional.
Montevideo es actualmente un punto neurálgico del mundo de los negocios y de la diplomacia de la región, y los almuerzos y cenas de trabajo son una parte más que importante en las agendas de empresarios. Allí, sin duda no deben faltar los vinos uruguayos de impactante cotización mundial.

Los "Fast Food" se han desarrollado en la diversidad de los últimos años, anadiéndose a las viejas cervecerías donde se saborean las salchicas "panchos" alemanas, y las amplias variedades de pizzas, las casas de empanadas, hamburguesas, "chivitos", etc.

Montevideo es una ciudad cautivante y entre los atractivos que motivan a volver, está su gastronomía.