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Acrópolis
No puede entenderse un viaje a Atenas sin una visita a la Acrópolis, uno de los monumentos históricos más relevantes de Occidente. Los impresionantes vestigios se resumen en desvaídos restos de la ciudad de Pericles, una ciudad de templos con edificios colosales, profusamente dorados y policromados, y de estatuas gigantescas, algunas de bronce, otras de mármol chapadas en oro y con incrustaciones de piedras preciosas.
La Propylaia, la imponente entrada a la Acrópolis en tiempos antiguos, ostenta un esplendor arquitectónico equiparable con el del Partenón. Éste, sin embargo, deriva en un monumento único por la elegancia y armonía de sus dimensiones. Se trata del templo dórico más grande jamás completado en Grecia, el único construido totalmente (aparte de su tejado de madera) en mármol del Pentélico. Esta construcción poseía un doble propósito: albergar la gigantesca estatua de Atenea encargada por Pericles, y servir de tesorería para los tributos del imperio, anteriormente ubicada en Delos. Fue edificado en el emplazamiento de, como mínimo, cuatro templos anteriores, todos ellos dedicados al culto de Atenea. El Erecteón, otro templo ateniense, es fácilmente reconocible por sus tan fotografiadas cariátides, las seis vírgenes que cumplen la función de columnas. El Museo de la Acrópolis alberga una colección de esculturas y relieves procedentes de las ruinas.
Teatro de Dionisio
Las enormes dimensiones del teatro de Dionisio, en la ladera suroriental de la Acrópolis, indican la importancia que tuvo el teatro en la vida de la ciudad-estado ateniense. El primer teatro erigido en este lugar se emplazó en un edificio de madera construido en el siglo VI a.C., donde actores ataviados con pieles de cordero cantaban y bailaban en el Festival del Gran Dionisio. Durante la Edad de Oro del siglo V, Esquilo, Sófocles y Aristófanes escribieron obras de teatro especialmente encargadas para este festival. Licurgo ordenó la reconstrucción del teatro en piedra y mármol entre los años 342 y 326 a.C. El auditorio ofrecía una capacidad para 17.000 espectadores; de sus 64 gradas originales, en la actualidad perdura una veintena. Los relieves del siglo II al fondo del escenario describen las hazañas de Dionisio. Los dos fornidos y encorvados selini adoraban al mítico y procaz Selinos que, con su falo sobredimensionado, perseguía a las ninfas a través de las montañas. Fue el mentor de Dionisio, con toda la energía que todavía le quedaba
Ágora antigua
El ágora (mercado) actuó en su día como punto central de la actividad administrativa, comercial, política y social de la urbe. Todos los caminos confluían en ella, y constituía un lugar bullicioso y atestado de gente. En este enclave Sócrates disertaba sobre su filosofía, y en el año 49 a.C., San Pablo discutía diariamente para lograr conversos. El pórtico de Atalo, construido originariamente en 159-138 a.C., supone un buen lugar para empezar a explorar este emplazamiento arqueológico, en el que los atenienses más adinerados frecuentaban sus lujosos comercios. En sus inmediaciones se halla el Museo del Ágora, con una maqueta del mercado en el primer piso, junto con una colección de hallazgos realizados en las excavaciones. El templo de Hefesto, al oeste del ágora, se remonta al año 449 a.C, y está considerado el templo dórico mejor conservado de Grecia. Al noreste se ubican los cimientos del pórtico de Zeus Eleuterios, una de las zonas donde Sócrates se dirigía a las masas.
Cerca de la entrada meridional del mercado se alza la iglesia de los Santos Apóstoles, construida a principios del siglo XI para conmemorar a San Pablo y sus enseñanzas. En su interior pueden contemplarse interesantes frescos bizantinos.
Torre de los Vientos y ágora romana
La torre de los Vientos, de mármol y forma octogonal, construida en el siglo I a.C por el astrónomo sirio Andronicus, contenía diversas utilidades en la misma estructura: servía como reloj de sol, veleta, reloj de agua y brújula. Cada uno de sus lados representa un punto cardinal, con el bajorrelieve de una figura flotando en el aire que encarna al viento asociado con este punto. La veleta, que desapareció hace tiempo, representaba un tritón de bronce que giraba en lo alto de la torre.
El ágora romana, que en un primer vistazo podría recordar un montón de escombros, contiene diversos detalles interesantes. Se accedía a través de la conservada puerta de Atenea Archegetis, flanqueada por cuatro columnas dóricas. A la derecha de la entrada se ubican los cimientos de una letrina pública del siglo I y al Sureste, los de un propileo y una hilera de comercios.
Museo Arqueológico Nacional
A pesar del pillaje perpetrado por arqueólogos extranjeros durante el siglo XIX, el Museo Arqueológico Nacional, inaugurado en 1874, conserva la mejor colección de antigüedades griegas del mundo entero. Frente al vestíbulo de entrada se halla su mayor prodigio: la Sala de Antigüedades Micénicas, repleta de objetos áureos; la máscara de Agamenón está considerada su pieza más destacada. La colección neolítica incluye hallazgos de Tesalia junto a muestras de cerámica, estatuillas y joyas procedentes de Troya, y la colección de las Cícladas incorpora la mayor estatuilla jamás encontrada en aquella región. En otras salas se exhiben esculturas, bronces y cerámicas de los períodos arcaico, clásico, clásico tardío, helénico y romano, así como otras antigüedades y objetos exquisitamente trabajados, como sarcófagos de momias con elaboradas decoraciones. La exposición Thira constituye una colección especialmente interesante; consiste en una serie de espectaculares frescos minoicos desenterrados en Akrotiri, en la isla de Santorini.
Museo Benaki
Esta institución cultural se creó en 1931, cuando Antoine Benaki convirtió la mansión de su familia en museo y la donó al país. Alberga una suntuosa y ecléctica colección de objetos procedentes de Europa y Asia, incluidos diversos hallazgos de la Edad de Bronce de Micenas y Tesalia, dos obras tempranas de El Greco, mobiliario eclesiástico transportado por los refugiados desde Asia Menor; cerámica, objetos de cobre, plata y madera de Egipto, Asia Menor y Mesopotamia, junto con un asombroso muestrario de trajes regionales griegos.
Keramikos
Este enclave desempeñó la función de cementerio de la urbe desde el siglo XII a.C hasta la época romana. Fue descubierto en 1861 durante la construcción de Pireos (la calle que desemboca en El Pireo). En la actualidad pueden avistarse fragmentos de la muralla de Atenas, construida por Temístocles en el año 479 a.C. y reconstruida por Konon 15 años más tarde. El muro está partido por los cimientos de la puerta sagrada, por donde los peregrinos de Eleusis se adentraban a la ciudad durante la procesión eleusina anual, y la puerta Dipilón, la entrada principal. También lo frecuentaban las prostitutas, que ofrecían sus servicios a los cansados viajeros. Saliendo de la urbe, la calle de las Tumbas está formada por una asombrosa serie de monumentos funerarios, cuyos bajorrelieves merecen un detenido estudio. Esta avenida estaba reservada a los ciudadanos más notables, mientras que el resto recibía sepultura en las zonas circundantes. A la izquierda del Keramikos, el Museo Oberlaender presenta estelas y esculturas procedentes de las ruinas, así como una impresionante colección de estatuillas y jarrones de terracota.
Jardines Nacionales
Los Jardines Nacionales, deliciosamente umbrosos, con sus árboles subtropicales y estanques ornamentales donde nadan aves acuáticas, ofrecen un agradable refugio durante la canícula estival. Antaño formaban parte de las propiedades de la realeza, y fueron diseñados por la reina Amalia. El Museo Botánico alberga interesantes dibujos, pinturas y fotografías.
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