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Guia Turistica de Kenya - Kenia
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Nombre oficial: República de Kenya
Superficie: 582.644 km2
Población: 29.292.000 habitantes (datos de 1994)
Capital: Nairobi
Pueblos y etnias: La población keniana se divide
en unas 40 tribus diferentes
Lengua oficial: Inglés
Religión: Sobre todo religiones tradicionales
africanas, cristiana y musulmana
Sistema político: República
Moneda: Shilling |
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| Geografía |
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Kenya está compuesta por cuatro regiones geográficas diferenciadas: Cuenca del Lago Victoria (Nyanza) Valle del Rift y Tierras Altas Altiplano Oriental (Nyika), N y NE La
cuenca del Lago Victoria (Nyanza) La región geográfica de la cuenca del Lago Victoria es una meseta situada en el extremo sudoccidental del país, en la región administrativa correspondiente a las provincias de Nyanza (lago en swahili) y Western. La meseta se extiende desde las Cherangani Hills al nordeste, en el límite occidental del Rift, hasta el monte Elgon (4.321 m), cuya cumbre se sitúa en territorio ugandés. Al sur, el altiplano está bordeado al este por la sierra del Mau y se extiende hasta las orillas del Lago Victoria, a 1.200 m de altura. La ciudad más importante de esta zona es Kisumu, en las orillas de Winam Bay, en el Lago Victoria. La ciudad es la tercera mayor del país, capital del pueblo luo y de la provincia de Nyanza. El lago, el tercero mayor del mundo con una superficie aproximada de 68.000 km², constituye un verdadero mar interior que baña las costas de Kenya, Uganda y Tanzania.
El Valle del Rift, la Gran Falla Africana, es una cicatriz que cruza de norte a sur la mitad oriental de Africa y el Oriente Próximo. A lo largo de su descomunal vaguada se alinean volcanes extinguidos o inactivos, y sus depresiones forman un conjunto de lagos que caracterizan esta región del continente. Desde el Lago Turkana o Rudolf, en la frontera norte, hasta el Natron, en Tanzania, el Rift kenyata comprende un rosario de pequeños lagos: Baringo, Bogoria, Nakuru, Elmentaita, Naivasha y Magadi. La falla divide en dos la gran meseta central de Kenya, las Tierras Altas. En el límite occidental, la sierra del Mau asciende desde la frontera tanzana hasta las Cherangani Hills, las cuales bordean la meseta que se continúa hasta el Monte Elgon. Al este de la falla, la cordillera Aberdares se prolonga hasta las Ngong Hills, al sudoeste de Nairobi, y por el norte hasta la sierra de Laikipia. Las Tierras Altas Orientales están dominadas por la mole del Monte Kenya, el más elevado del país y el segundo del continente. En sus cumbres nevadas sobresalen tres picos, el Lenana (4.985 m) y los gemelos Nelion (5.188 m) y Batian (5.199 m). Esta región comprende las provincias de Rift Valley, Central y Nairobi. En ella se localizan Nairobi, la capital, y Nakuru, la cuarta ciudad del país, próxima al lago del mismo nombre. El agradable clima de estas mesetas y sus fértiles valles motivaron el asentamiento de los primeros colonos europeos en las Tierras Altas de Kenya.
La vasta y árida región que se extiende al este de las Tierras Altas comprende las provincias Eastern (oriental), North Eastern (nororiental) y parte de la provincia costera. Esta meseta, que desciende suavemente hasta la llanura litoral del Océano Índico, presenta una orografía suave, sólo interrumpida por aislados conjuntos de colinas de escasa altitud. Sus principales accidentes geográficos se encuentran en la zona de Tsavo: las Taïta Hills, al oeste de la ciudad de Voi, y la cordillera Chyulu, que corre paralela al ferrocarril y a la carretera general Nairobi-Mombasa, principales vías de comunicación entre la costa y el interior. En estas tierras discurre la mayor parte del recorrido de los dos principales ríos, el Tana y el Galana. Ambos nacen en las Tierras Altas Orientales y desembocan en el Océano Índico. El Galana se origina por la confluencia de los cauces del Athi y el Tsavo. Las escasas lluvias que recibe esta región y sus altas temperaturas determinan un paisaje despoblado y semidesértico, que se convierte en un verdadero desierto en las áreas más septentrionales, continuando hasta las orillas del Lago Turkana. La aridez del paisaje, cubierto en algunas zonas de impenetrables espinos, sólo se rompe en los fértiles valles de los ríos y en las verdes laderas de las Taïta Hills. La presencia de un gran número de volcanes, hoy extinguidos, ha dejado su testimonio en corrientes de lava como la Yatta Plateau, la más larga del mundo. La franja costera de Kenya constituye una llanura limitada hacia el interior por las suaves colinas que dan acceso a las mesetas. Sus blancas playas bordeadas de cocoteros y sus calas de aguas cristalinas se encuentran resguardadas del oleaje y las corrientes del Índico por arrecifes coralinos, cuya riqueza biológica se protege en varios parques nacionales marinos. La bahía de Ngwana, antiguamente llamada Formosa, acoge la desembocadura de los ríos Tana y Galana, el primero en su costa norte y el segundo en el sur, cerca de la ciudad de Malindi. A lo largo de la costa se alinean varias islas, como el archipiélago de Lamu y la isla de Mombasa, la segunda ciudad más importante del país. La costa de Kenya, cálida y hospitalaria, fue colonizada desde antiguo por numerosos pueblos que dejaron sus huellas a lo largo de la historia. La cultura swahili, de origen árabe, prosperó en este litoral hasta alcanzar un gran desarrollo antes de la llegada de los primeros exploradores europeos.
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| Feriados | |
| 1 de enero | Año Nuevo. |
| 1 de Mayo | Día de los Trabajadores. |
| 1 de junio | Madaraka (semi independencia) |
| 10 de octubre | Día Moï |
| 20 de octubre | Día Kenyatta |
| 12 de diciembre | Fiesta de la República |
| 25 de diciembre | Navidad. |
| 26 de diciembre | Día de San Esteban |
| Sin fecha fija | Idd -ul-Fitr. Fiesta musulmana del final del Ramadán. |
| Salud | ||||||||||||||||||
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| Lugares de interés |
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Nairobi
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| Sociedad | ||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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Arte
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| Economía y Negocios |
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Desde 1993, el gobierno ha venido desarrollando un plan de liberalización y reforma económica que incluye la disminución de las barreras a la importación, la eliminación del control del intercambio internacional y la reducción del sector público mediante la privatización de empresas estatales y la racionalización del funcionariado. Con el apoyo del Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros donantes, las reformas han conducido a un crecimiento de la economía que ha aliviado en parte los resultados negativos del comienzo de la década de los 90. El PIB creció a un 5% en 1995 y a un 4% en 1996, con una inflación contenida. La tasa de inflación fluctúa enormemente de un año a otro: 19,6% en 1991, 27,5% en 1992, 46% en 1993, 28% en 1994, 1,6% en 1995, 9% en 1996, 11,2% en 1997 y 6,6% en 1998. El crecimiento de la economía se enfrió en 1997-98, principalmente a causa de la crisis en los sectores agrícola y turístico. El primero se vio afectado por las lluvias torrenciales de El Niño en 1997 y 1998, que destruyeron infraestructuras y cosechas. En cuanto al turismo, cedió ante la violencia terrorista (el atentado de 1998 contra la Embajada de los EE.UU.), los disturbios sociales y el aumento de la inseguridad. Debido al fracaso del gobierno en la implementación de las condiciones de la reforma y en la lucha contra la corrupción en el sector público, el FMI permitió un receso en el Programa Impulsado de Ajuste Estructural (Enhanced Structural Adjustment Program). Hoy, los principales problemas de la economía kenyata incluyen el déficit en la balanza comercial (la deuda externa ascendía a 6.450 millones de dólares USA en 1997), la restricción del suministro eléctrico, el continuado e ineficiente dominio del gobierno sobre los sectores clave, la corrupción endémica, la alta tasa de crecimiento de la población (que ha disminuido desde el 4% de los últimos años a un 1,59% en 1999) y el desempleo, que afectaba a un 50% de la población activa en 1998. En 1992, el 42% de la población estaba por debajo de los límites de la pobreza. La ayuda económica externa recibida por Kenya fue de 642,8 millones de dólares USA en 1995. A lo largo de las últimas décadas, la agricultura ha venido disminuyendo su contribución al PIB, debido al crecimiento de otros sectores. Así, su porcentaje del PIB disminuyó del 38,4% en 1963 al 30% en 1990 y al 29% en 1997. Su papel predominante en la economía kenyata continúa basado en el hecho de que el 75-80% de la población activa aún depende de esta actividad. La agricultura proporciona el 50% de los ingresos debidos a las exportaciones. Todo esto a pesar de que las tres quintas partes de la superficie del país son improductivas. La agricultura se divide en dos tipos, la industrial o colonial y la de subsistencia o indígena. La primera representa la herencia de las grandes plantaciones coloniales, dedicadas al cultivo del café, té, algodón, caña de azúcar, patatas, tabaco, trigo, cacahuetes, sisal (pita) y sésamo. El café y el té, con 53.400 toneladas y 294.200 toneladas respectivamente en 1998, son los principales productos agrícolas destinados a la exportación. La agricultura de subsistencia, practicada en pequeñas parcelas por los campesinos nativos, se ha basado tradicionalmente en la producción del maíz, básico en la dieta local, la mandioca, las alubias, el sorgo y la fruta. Sin embargo, el movimiento cooperativista ha crecido en los últimos años, junto con la incorporación de nuevos cultivos antes monopolizados por las grandes plantaciones y el aumento de la productividad por la mejora en las técnicas agrícolas. Esto ha motivado que, a finales de 1990, las dos terceras partes de la cosecha de café, el 50% de la de té y la totalidad de la caña de azúcar hayan correspondido a pequeños propietarios locales. La producción agrícola se ve afectada en periodos de climatología irregular. Así, las lluvias de El Niño en 1998 afectaron gravemente a algunos cultivos y a las infraestructuras, mientras que la posterior sequía de La Niña fue perjudicial para el sector en su conjunto. La cabaña ganadera kenyata se basa en el bovino y el ovino. Al igual que el agrícola, el sector ganadero está repartido entre las grandes haciendas coloniales y los pequeños propietarios nativos. Las tribus de tradición nómada practican ganadería de subsistencia, por lo que las cabezas de ganado constituyen el patrimonio más preciado. Las mayores producciones de carne, leche y derivados (mantequilla), pieles, cuero y lana corresponden a los grandes ganaderos de origen europeo. Una parte de esta producción se dedica a la exportación. Desde la independencia del país en 1963, el gobierno ha puesto en práctica políticas de sustitución de las importaciones, de estímulo de las exportaciones y de captación de la inversión extranjera. La industria manufacturera ha crecido lentamente hasta ocupar un porcentaje del PIB superior al 15% (17% en 1997) y proporcionar empleo al 10% de la población. Los principales centros industriales se localizan alrededor de las grandes ciudades, principalmente Nairobi, Mombasa y Kisumu. Las principales industrias son las de alimentación (procesamiento de productos agrícolas, envasado), bebidas, tabaco, química, derivados del petróleo, metales, textil, cuero, goma, materiales de construcción (cemento, arcilla, vidrio), montaje de automóviles y productos farmacéuticos. También se fabrican otros bienes de consumo tales como plásticos, muebles, pilas o jabón. En los últimos años el gobierno ha estimulado el desarrollo del Jua Kali, un subsector de fabricación artesanal de productos a pequeña escala, surgido como consecuencia de las altas tasas de paro. Estos pequeños talleres fabrican gran número de productos, tales como máquinas y utensilios, marcos de acero para puertas y ventanas, cajas, estufas de carbón y muebles. Con respecto a la energía, Kenya dispone de escasos recursos energéticos, lo que le obliga a importar la mayor parte de la energía que consume, sobre todo petróleo de Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos. En 1997 el porcentaje de energía importada fue del 56,6%, descendiendo desde los niveles de años anteriores del 75%. La energía consumida procede principalmente (1996) de centrales hidroeléctricas (81,63%) y combustibles fósiles (10,5%). Las principales centrales hidroeléctricas se encuentran en el río Tana (presa de Kindaruma, 1968) y en la garganta del río Turkwel, en el lago Turkana, dentro del proyecto de desarrollo de infraestructura hidroeléctrica Seven Fork Hydro Project. Sin embargo, la energía hidroeléctrica continúa siendo irregular y escasa, lo que supone un freno para la producción industrial. La minería está principalmente representada por los yacimientos de fluorita al norte de Nairobi, la extracción de sosa y sal de depósitos naturales en el Lago Magadi, los yacimientos de oro en Kakamega, y de plomo y plata en Kinangoni. En Kilifi existe una planta de tratamiento de mineral. Gran parte de las 100.000 toneladas de sosa extraídas anualmente se destina a la exportación. Sin embargo, en su conjunto, la aportación de la minería kenyata al PIB es mínima. El sector turístico se ha convertido en un pilar clave de la economía kenyata, adoptando el papel de primera industria nacional que rinde al país mayores beneficios que las exportaciones de café y es la principal fuente de divisas. Su contribución al PIB es del 12%, lo que lo convierte en el tercer sector productivo en importancia. Kenya recibe más de un millón de turistas al año, con una capacidad hotelera superior a los 9 millones de camas. Dado que el turismo de Kenya se basa fundamentalmente en la naturaleza, las autoridades se esfuerzan en poner en marcha programas de conservación de la fauna y la vida salvaje frente a sus enemigos naturales: la caza furtiva y el tráfico ilegal de especies animales. Asimismo, el desarrollo de la infraestructura turística en otros países africanos amenaza con desviar el flujo de visitantes hacia el sur del continente, tendencia que el gobierno kenyata intenta compensar mediante inversiones en infraestructura hostelera y de comunicaciones. El turístico es un sector muy sensible al grado de estabilidad del país de destino. En los últimos años, el turismo se alejó de Kenya debido principalmente a los disturbios sociales y políticos, en especial al atentado terrorista de 1998 contra la Embajada de los EE.UU., y al repunte de la inseguridad en las ciudades y zonas turísticas. En 1999 el sector ha recuperado la tendencia al crecimiento y se esperan grandes resultados para el año 2000.
Kenya posee un total de 63.800 km de carreteras, de los cuales sólo 8.868 están asfaltados (1996). La red ferroviaria comprende 2.652 km de vías. El puerto más importante es Mombasa, con una planta de refino de petróleo, seguido por los de Lamu y Kisumu, éste último en el Lago Victoria. La red telefónica doméstica se basa principalmente en microondas de radio. Existen 232 aeropuertos, 21 de ellos con pistas pavimentadas (1998). La proliferación de pequeños aeródromos en parques y reservas ha sido un factor de gran interés para facilitar el acceso del turismo a los espacios naturales protegidos. Históricamente, las exportaciones de Kenya se han limitado a un estrecho rango de productos, principalmente café, té, sisal y piretro. Esta situación exponía al país a los vaivenes de un pequeño número de mercados. Durante los últimos años han crecido las exportaciones de bienes no tradicionales, tales como productos manufacturados y hortofructícolas, gracias al esfuerzo del gobierno en implementar políticas que permitan una mayor capacidad de adaptación a las fluctuaciones de los mercados internacionales. Sin embargo, el té, con un 18%, y el café, con un 15% (1995), continúan ostentando el papel prioritario en las exportaciones de Kenya, que se realizan principalmente a Uganda (16,1%), Tanzania (12,8%), Reino Unido (10,4%) y Alemania (7,5%) (1996). El total de las exportaciones se traduce en unos ingresos por valor de 2.000 millones de dólares USA (1998). Desde la independencia del país, las importaciones de bienes de consumo han sido parcialmente sustituidas por la producción doméstica, gracias a la expansión del tejido industrial. Así, dichas importaciones han descendido desde un 27% del total en 1963 a un 13% en 1995. A pesar de ello, la balanza comercial de Kenya es negativa, con un total de importaciones por valor de 3.050 millones de dólares USA (1998). Esta cifra corresponde principalmente a bienes de equipo, de transporte y maquinaria (31%), bienes de consumo (13%) y productos petrolíferos (12%) (1995). Las principales importaciones se realizan desde el Reino Unido (13,2%), los Emiratos Árabes Unidos (8,2%), Sudáfrica (7,6%) y Alemania (7,4%) (1996).
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| Clima |
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Kenya posee una variedad de climas diferentes que coincide en gran medida con las regiones geográficas descritas. La condición de ser un país atravesado por el Ecuador resulta en una escasa variación de temperaturas a lo largo del año. Sin embargo, de unas regiones a otras se encuentran grandes diferencias en temperaturas medias y en precipitaciones. Esta diversidad climatológica se debe principalmente a los vientos y las diferencias de altitud. Es importante destacar el régimen de lluvias, debido a su influencia sobre la vida animal y sobre el estado de las carreteras, muchas de las cuales se inundan o embarran y quedan intransitables. Las long rains, o lluvias largas, tienen lugar entre marzo y junio, siendo muy abundantes. Las short rains, o lluvias cortas, más moderadas, se producen entre octubre y noviembre. En general, las temperaturas son más elevadas durante los meses correspondientes al invierno boreal (enero, febrero y marzo).
El clima y la vegetación por regiones |
| Historia |
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En 1911, el entomólogo alemán Kattwinkel cayó por un barranco mientras perseguía una extraña mariposa. El lugar era la garganta de Olduvai, en el Serengeti. La caída fue dura, pero el científico salvó su vida milagrosamente y levantó la vista. Sólo un científico habría apreciado que aquella pared rocosa era un extraordinario yacimiento fosilífero... Y este hecho cambió la concepción que el hombre tenía de su propio origen. Para contar la historia de Kenya hay que comenzar por el principio, por los albores de la humanidad.
Lamarck, Darwin, Wallace, Huxley, Haeckel,... Grandes nombres de la ciencia cuyas pioneras teorías sobre la evolución de las especies y la selección natural revolucionaron la ciencia victoriana del siglo XIX, al sugerir un antepasado común para el hombre y los actuales primates, en contra de la concepción bíblica de la naturaleza humana que defendía una Creación única. Ernst Haeckel postuló la existencia de un mono-hombre, el Pithecanthropus, que habría habitado un continente hundido llamado Lemuria, cercano a la India.
La búsqueda del "eslabón perdido" entre el hombre y el simio obsesionó al antropólogo holandés Eugène Dubois, quien aportó las primeras pruebas de la existencia del Pithecanthropus con su descubrimiento en 1893 del Hombre de Java, al que denominó Pithecanthropus erectus. El pensamiento de la época, basado en estas primigenias pruebas y en la hipótesis de Lemuria, situó el nacimiento del hombre en el continente asiático. Mientras tanto, Kattwinkel daba su famoso traspiés, pero no fue hasta 1924 que la teoría de Darwin, que situaba en Africa la "cuna de la Humanidad", comenzó a encontrar apoyo empírico. En este año, Dart y Broom descubrieron en Sudáfrica los restos fósiles de un prehomínido, el Australopithecus africanus, cuya edad se remontaba a 2 millones de años, un millón de años más antiguo que el mono-hombre de Dubois. Nuevos hallazgos comenzaron a dibujar la estirpe de este nuevo género, cuya posible ubicación en la línea antecesora del hombre moderno continuó generando controversia durante el primer tercio del siglo XX. En 1931, el Dr. Louis Leakey y su prometida Mary, kenyatas de origen británico, emprendieron un estudio exhaustivo del yacimiento de Olduvai que culminó, en 1959, con el descubrimiento de 400 fragmentos del cráneo de un pre-homínido, el Zinjanthropus boisei. Los restos adyacentes sugerían que el Zinjanthropus era realmente un primate evolucionado, capaz de trabajar la piedra para fabricar utensilios. En 1961, la edad del Zinjanthropus -posteriormente incluido en el género Australopithecus- fue datada en 1,75 millones de años. Fue la primera evidencia de la presencia de los prehomínidos en el oriente africano, a la que siguió otra de enorme relevancia: en 1960, los Leakey hallaron los restos del Homo habilis, un homínido evolucionado capaz de tallar hachas de piedra, cuya edad se estimó en 1,4 millones de años. Las décadas de los 70 y los 80 presidieron una explosión en el conocimiento paleoantropológico. Mary Leakey describió las huellas y fósiles de homínidos de 3,6 millones de años de antigüedad que habitaron la zona de Laetoli, cerca de Olduvai. Por otra parte, su hijo Richard, con la colaboración del paleontólogo kenyata Bernard Ngeneo, exploró la zona de Koobi Fora, junto al Lago Turkana, descubriendo restos de Homo habilis de 2 millones de años de antigüedad. Más al norte, Don Johanson y Tim White desenterraban en Etiopía parte del esqueleto de Lucy, una Australopithecus de 3,5 millones de años de antigüedad, que se convertía en la especie más primitiva de los australopitécidos conocida hasta entonces: el Australopithecus afarensis. Diez años más tarde, en 1984, Richard Leakey conseguía reconstruir casi por completo el esqueleto de un Homo erectus, el famoso "niño de Turkana", un homínido de 1,6 millones de años de edad, más evolucionado de acuerdo a su capacidad craneal y antes considerado un posible antepasado directo del Homo sapiens sapiens, el hombre actual. El Pithecanthropus de Dubois fue asimilado a esta misma especie. Al mismo tiempo que se describían nuevas especies de australopitécidos y se trataban de ordenar las piezas del rompecabezas, las investigaciones permitían dibujar un panorama aún difuso. Hasta hace sólo un millón de años, los homínidos y prehomínidos habitaban exclusivamente en el sur y este de Africa. Las dos principales ramas evolutivamente divergentes, Australopithecus y Homo, coexistieron hasta que el Australopithecus, más primitivo, se extinguió. Hace un millón de años, algunos grupos pioneros de Homo erectus emigraron hacia Asia. Durante estas primeras migraciones, un Homo erectus llegó junto a la ribera del río Solo, en Java, para morir y ser descubierto un millón de años después por un científico curioso y emprendedor llamado Eugène Dubois.
Los descubrimientos más recientes no cesan de sorprendernos, empujando los orígenes de los prehomínidos aún más hacia atrás en la historia. En 1994, Tim White y Berhane Asfaw dataron en 4,4 millones de años los restos de una nueva especie hallada en Etiopía, el Ardipithecus ramidus. Un año más tarde, en el yacimiento de Turkana, Meave Leakey, esposa de Richard, en colaboración con Alan Walker, descubrió el que es hasta hora el más antiguo de los australopitécidos, A. anamensis, un venerable anciano de 4,2 millones de años de edad considerado el antecesor del A. afarensis. En noviembre del año 2000, un equipo franco-kenyata liderado por los doctores Martin Pickford y Brigitte Senut encontró en Kapsomin, en las colinas Tugen del distrito de Baringo, restos de homínidos fosilizados en estratos de roca de 6 millones de años de antigüedad. En cuanto a los orígenes del hombre moderno, Homo sapiens, nuestros primeros padres vieron la luz hace unos 100.000-140.000 años y poblaron el planeta entero. Sin embargo, la biografía de nuestros antecesores aún no está completa, ni mucho menos. Aunque el estudio de los restos fósiles cuenta hoy con el inestimable aporte de la biología molecular, el libro de la historia de la Humanidad tiene aún muchas páginas en blanco. El H. erectus, extinguido hace 100.000 años y antes considerado un antepasado directo del hombre, parece ser en realidad una vía muerta de una especie anterior, H. ergaster, quien sí fue nuestro antecesor. De esta especie derivaron probablemente los europeos H. heidelbergensis u "Hombre de Heidelberg", extinguido hace unos 200.000 años, y su sucesor el H. neanderthalensis u "Hombre de Neanderthal", que coexistió con el H. sapiens y desapareció hace tan sólo 30.000 años. Pero la línea evolutiva entre nuestro abuelo H. ergaster y nosotros es materia de discusión entre los defensores de dos teorías opuestas.
Las primeras evidencias genéticas apoyaron la hipótesis llamada "Out of Africa" también llamada de la "Eva mitocondrial", del "Arca de Noé" o del "Jardín del Edén", según la cual todos los hombres modernos tenemos nuestro origen en una pequeña población africana que vivió hace 200.000 años, y de la cual un sólo linaje materno sobrevivió. Así, todos seríamos descendientes de una única madre común, cuya herencia guardamos en nuestro ADN mitocondrial, las secuencias genéticas contenidas en la parte de la célula que suministra energía, que sólo la madre transmite a toda su descendencia. La emigración de los descendientes de esta "Eva" primigenia hacia Asia y Europa habría resultado en la extinción de los grupos locales preexistentes, entre ellos las últimas poblaciones asiáticas de H. erectus y el H. neanderthalensis europeo, sucesor del H. heidelbergensis. Frente a la teoría de la Eva mitocondrial, los valiosísimos descubrimientos en Atapuerca (España) han prestado apoyo al modelo rival, llamado "multirregional" o "de candelabro". Según esta hipótesis, las poblaciones migratorias de H. erectus en Asia y Europa desarrollaron características anatómicas diferenciadas que persistieron en el tiempo, lo que se conoce como "continuidad regional" y que habría dado origen a las diferencias raciales entre distintas poblaciones humanas. A lo largo de miles de años, estos grupos separados evolucionaron en paralelo hacia una misma forma que hoy llamamos H. sapiens. La contribución de los hallazgos de Atapuerca a este modelo se basa en lo siguiente: en esta sierra de la provincia de Burgos, el equipo de investigación español encontró fósiles atribuidos a una nueva especie, H. antecessor, cuyos restos más antiguos datan los primeros Homo europeos hace 780.000 años. Si, como se postula, H. antecessor fue antepasado directo de todas las especies europeas de Homo, nosotros incluidos, entonces estos primeros pobladores no se habrían extinguido tras ser invadidos posteriormente por H. sapiens procedentes de Africa, como afirmaría la teoría de la "Eva mitocondrial", sino que habrían evolucionado de forma independiente hacia nuestra especie mientras los grupos asiáticos y africanos hacían lo propio. En este apasionante contexto, y pese a que cada vez estamos más cerca de conocer a nuestros primeros padres, los paleoantropólogos no han conseguido todavía determinar qué especies pueden considerarse antepasados comunes del hombre y de los primates actuales. Aún hoy, este hombre-mono primigenio continúa durmiendo en algún lugar bajo el suelo de Africa, un continente en el que queda mucho por explorar.
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